Viernes 28 agosto 2009
5
28
/08
/2009
21:55
Si leen Mouse con regularidad sabrán que días atrás estuve jugando con la última versión de Opera, el
menospreciado navegador noruego que rasguña el tercer puesto sobre el podio de las preferencias a la hora de explorar la Web.
Era mi primer encuentro serio con
Opera desde aquellas azulosas y atiborradas versiones 7.x cuyo panel parecía un módulo de control de la NASA, por lo que no tenía grandes expectativas fuera de la insistencia de algunos lectores
para que revisáramos la aplicación.
¿El veredicto? Opera no sólo me impresionó profundamente, sino que – muy a mi pesar – me hizo reconocer dos cosas:
- Que las rubias nórdicas también pueden ser feas.
- Que se trata del mejor navegador disponible. Exacto, aún mejor que Firefox y desde luego a años
luz del remozado Internet Explorer (IE).
Véanlo así: Opera puede hacer todo (o más) que Firefox e IE, de forma más simple, compatible, eficiente e intuitiva. ¿Quieren pestañas? Opera no sólo las
tiene… las inventó. ¿Barra de buscadores? Lo tienen. ¿Lector de RSS? Ahí está. ¿Temas? ¿Complementos? ¿Administrador de descargas? ¿Bloqueo de ventanas
emergentes? Just name it, babe.
Como si fuera poco, incorpora en su núcleo características que Firefox sólo consigue a través de extensiones, lo que aumenta (más todavía) su apetito de memoria RAM. Aquí tenemos los
gestos de ratón, el zoom de páginas o la capacidad de almacenar sesiones, sin contar funciones exclusivas del software europeo como crear búsquedas propias (¡fantástico!), previsualizar un sitio para dispositivos móviles o ese genial
TOP10 de sitios que se actualiza según el uso.
Pero si Opera es así de bueno… ¿por qué sólo lo utiliza el 1% de
los usuarios a nivel mundial?
Supongo que nadie tiene la respuesta a ciencia cierta, pero en mi opinión la empresa del islandés Jon Stephenson von Tetzchner cometió cuatro pecados capitales que hoy le penan como fantasmas:
1) Cobrar: ¿Cómo convences a los usuarios de que compren tu
producto mientras tus competidores lo regalan? Durante años, Opera trató de comercializar su navegador frente a las opciones gratuitas de Microsoft y Netscape (luego Mozilla) e incluso suplir la
licencia montando publicidad sobre la interfaz del programa.
Sólo cuando la estrategia se hizo insostenible – recién el año pasado – la empresa decidió liberar completamente la aplicación y centrarse en otros modelos de financiamiento.
2) Identificarse como IE: En 2003, Opera hizo noticia al denunciar que
Microsoft saboteaba de forma deliberada sus sitios para que no pudieran usarse con el navegador noruego. Con el fin de asegurar compatibilidad a sus usuarios, a Opera no se le pudo ocurrir nada
mejor que identificarse a sí misma como IE.
Gracias a esta brillante idea, Opera no sólo desapareció de las estadísticas durante casi tres años, sino que además benefició a su rival abultando – levemente – su participación de mercado.
3) No tener una fuerza de respaldo: Cuando se trata de conquistar usuarios, los méritos son lo de menos. Por ejemplo, la expansión de Firefox se basa en su comunidad de
desarrolladores, así como en los grupos de entusiastas que corren la voz; mientras, Internet Explorer utiliza los recursos sin
fin de Microsoft y la distribución de Windows para llegar hasta su público actual.
Por su parte, Opera carece de poderío económico y sus partidarios no son tan numerosos ni organizados como los que concita una iniciativa de código abierto. Pobrecillos.
4) No ser estadounidense: Más de alguno pensará que exagero, pero cuando hablamos de la nación que engloba sobre el 25% de los usuarios de Internet y cuyas decisiones marcan
tendencias a nivel global, ser “extranjero” puede constituir una seria desventaja.
El chovinismo estadounidense premia a sus connacionales, y recuerdo haber leído reportes de que la lenta adopción de Linux en Estados Unidos responde – entre otros factores – a un apoyo implícito
del software local (Microsoft is a bitch, but is our bitch).
Así las cosas, Opera lo seguirá teniendo difícil en el terreno de las computadoras personal y es quizá por eso que su estrategia se ha centrado últimamente en los dispositivos móviles. Hoy no sólo es uno de los navegadores más versátiles para PDAs y teléfonos inteligentes, sino que la firma de un acuerdo con Nintendo lo ha llevado a estar presente en la portátil DS y dentro de poco, en la Wii.
Por mi parte, creo que una mezcla de costumbre y apego a mis extensiones me retendrá con Firefox por un tiempo. Sep, el caviar es bueno… pero supongo que no para comerlo todos los
días.
Últimos Comentarios